La realidad nos sobrepasa. Por eso, todo lo que decimos sobre ella son metáforas: los mitos platónicos y las historias de Hollywood, los blogs y las novelas, la prensa y los libros de texto... En este blog propondré una metáfora cada semana. Más o menos.
Oh sonrisa, primera sonrisa, sonrisa nuestra. ¡Qué único fue aquello! Respirar el aroma de los tilos, escuchar el silencio del parque... y de pronto mirarse, y sonreír de asombro.
A
primera vista, sentimentalismo puro. En realidad, fenomenología pura.
Rilke no es Bécquer. De paso, esta escena tan hermosa y sutil,
imposible sin el perfume de los tilos, es mucho más explícita que todos
los descoyuntamientos amorosos de la tele y el cine.